La muerte

La muerte, qué buena idea.

La gran broma de Dios es hacernos saber casi desde que nacemos que un día todo se acabará.

Parece que miramos en otra dirección sin pensar en eso, cuando en realidad todo lo que hacemos es sacar provecho de la vida mientras podemos, por eso mismo, porque sabemos el final.

No sé qué es la muerte, nadie lo sabe y puede contarlo, así que no tiene mucho sentido debatirlo. Pero me pregunto ¿qué es la vida? Si sales corriendo te entiendo, esto tiene pinta de ser un rollo tipo Jorge Bucay o algo así. Espero que no.

Bajo mi punto de vista, la vida no tiene sentido en sí misma. No es nada, no vale para nada, salvo para dar continuidad a algo que tampoco aún acabamos de entender. La gente procrea, generación tras generación, y parece una máxima el progreso y esas cosas. Ir mejorando (aunque creo que llevamos unos siglos en el sentido contrario) ¿Continuidad de qué? ¿para qué? si estás muerto qué más da lo que pase después. La vida como mecanismo natural dentro de algo tan desconocido como es el universo y tan pequeño (en nuestro caso) como nuestro planeta. Pues muy bien. Desde el punto de vista universal, la vida no nos incumbe. No es un asunto para nosotros, dejémoslo ahí.

Pero desde el punto de vista individual sí que nos incumbe. O eso creemos y lo usamos como excusa para fundar religiones, hacer el bien, o recrearnos en el hedonismo. Es curioso que algo sirva como excusa para hacer cosas totalmente antagónicas. Al final es lo mismo, es sentirte bien contigo mismo. Te puedes sentir bien haciendo cosas por los demás, o no. No lo valoro. Pero, es un “Eh, estoy vivo, voy a hacer cosas y a ver si muero con la conciencia tranquila”.

Hace unos meses vi a la muerte a unos metros de mí, y la invité a pasar. La muy puta decidió pasar de largo. Y en todo este tiempo no le he dado más vueltas, pero desde hace unos días, no paro de pensar en eso.

Hoy se suicida un director de cine porque -por lo visto- tenía un tumor cerebral. La noticia es que era director de cine, lógicamente, la muerte y el suicidio no son noticias en sí mismas. Y me pregunto qué hubiera hecho yo. Y creo que -aviso a navegantes- hubiera hecho (o haré) lo mismo. Si tengo los cojones suficientes, claro.

El dolor y la enfermedad no son dignos, y a pesar de eso forman parte de la vida ¿Tiene sentido prolongarlos sabiendo el final? ¿Qué aporta una persona en coma? A sí mismo nada, está claro. Yo me niego a acabar mis días sentado en una silla con la mirada perdida y cagándome encima.

Daos una vuelta por un asilo. Se puede, nadie te va a preguntar dónde vas. Y pensad muy en serio en sí esas personas son felices. ¿Hace falta llegar a eso? La soledad de la vejez, el dolor crónico, la incapacidad, son la muerte en vida. En el mejor de los casos sólo te quedan recuerdos y ¿no lo hace eso más doloroso aún? 

No sé, si un día tengo la suerte de ser consciente de que estoy a punto de entrar en la sala de espera, creo que adelantaré mi viaje a ninguna parte. Duela a quién duela, el final es el mismo pero las esperas son horribles. Ya nos jode esperar al autobús media hora más, no va a joder esperar tu muerte o la de un ser querido.

La ley no permite la eutanasia. Nos quitan hasta el derecho principal de una persona, el de decidir sobre su propia vida. Algún día las leyes las harán las personas, y no dios. Algún día.

Pero yo ya estaré muerto para verlo.

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Verano

El verano es un gran recreo. Es una reminiscencia del colegio, del que algunos nunca saldrán en toda su vida. Ya desde pequeñitos nos marcan los ciclos vitales, y tenemos grabado a fuego en el subconsciente que de junio a septiembre toca descansar. Que de octubre a mayo ya nos cansamos demasiado.

Nada más lejos de la realidad, otra ilusión El Corte Inglés style como las navidades o un aniversario de boda.

El verano es una mierda hombre. Se hacen las cosas de manera forzada. Como -otra vez- en navidades, que hay que fingir cosas constantemente, pero durante más tiempo. Hay que fingir que nos gusta meternos en un atasco con el coche hasta arriba -que no falte nada- o que nos encanta hacer tres escalas en continentes diferentes acumulando horas de vuelos retrasados para estar una semana en una playa a tomar por culo bebiendo caipirinhas ¿gratis? con una pulsera de plástico.

No cuela.

Los que tienen familia, se ven obligados a hacer malabarismos para encajar a la abuela, intentar encalomar al niño unos días con los tíos para tener un poco de intimidad, cuadrar el círculo de las vacaciones suyas con las de su pareja. Una odisea. Objetivo: Comerse una paella de plastilina a 60 euros al lado del mar en un chiringuito lleno de moscas. Como mola el verano que sirve que nos timen como a guiris pero siendo nosotros de albacete capital o de un pueblo de albacete.

Los solteros ponen todas sus esperanzas en follar con un/a desconocido/a a ser posible extranjero/a que mola más cuando lo cuentas al volver, o en el peor de los casos ser Danny Zucco o Sandy Dee y tener un summer loving TO GUAPO y que recordar toda su vida. Resultado: Hacer el ridículo y no ver más tetas que las que están expuestas en la playa en topless. Se mira pero no se toca. Ay, esas pajas recordando las tetas que viste esa tarde en la playa, eh? bartolo?

Los que se quedan en casa por falta de vacaciones o dinero, tienen que soportar mosquitos, calor por las noches, piscinas públicas llenas, y a sus vecinos haciendo barbacoas en el balcón de 10 metros cuadrados hasta las cuatro de la mañana. Camisas con olor a morcilla, y ese pablo alborán o ese pitbull amenizando la velada. No me digáis que no mola. A full.

Por no hablar de la estética que se impone. Ese Manolo que en invierno luce traje y corbata para ir al banco “buenos días, don manolo”, y el agosto no se quita las chanclas -a veces ni los calcetines- y la camiseta de tirantes acentuando barriga y tetas caídas, más bermudas y riñonera manoloquepintasmegastas callamujersiesveranoasivoymasfresco.

Que no, que el verano no me convence. Que las vacaciones son demasiado artificiales, nos creemos que sirve para salirse de las normas y lo que hacemos es seguir otras normas. Incluso más y más incómodas que las normas de invierno. Un rollo.

Y ahora os dejo, que me voy a la playa a ver tetas -tetazas, tetones, tetas, teticas- y a ver si con un poco de suerte me follo a una sueca.

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Procrastinar

Vamos a ver que dice la RAE sobre esta palabra tan rara:

(Del lat. procrastinare).
1. tr. Diferir, aplazar.

Lo que de toda la vida se conoce “no hagas hoy lo que puedas dejar para mañana”. No hay más acepciones.

Este término va en matrimonio irrompible con la palabra pereza. Que cómo pecado capital merecería post aparte y no voy a destripar en éste.

La condición única para poder procrastinar algo es que ese algo sea obligatorio. El buen procrastinador siempre tendrá OTRAS COSAS que hacer irrelevantes, como mirar el vuelo de una mosca o ver cómo le crecen las uñas, antes de ponerse con sus obligaciones. Pero si por ejemplo su trabajo consiste en mirar moscas o ver crecer uñas, seguramente preferirá antes ver un partido del Granada F.C. o limarle los callos a su abuela. Lo que sea antes que hacer lo que hay que hacer.

Varios experimentos han intentado dar con la clave para superar el poder de la procrastinación pero se han ido al traste, en su mayoría porque los sujetos de estudio nunca aparecieron o incluso en un caso en 1972 porque el mismo investigador lo dejo “para más adelante” porque aún tenía tiempo.

Dos métodos caseros para luchar contra la procrastinación:

– Las nuevas tecnologías. Lista de tareas en el móvil, alarmas, etc. Yo mismo me bajaré un día de estos una aplicación para organizar tareas que dicen que funciona muy bien. Ya os contaré que tal.

– Utilizar a un tercero para que nos arengue y nos obligue a dar el paso. Es imprescindible en este método utilizar la frase “si te digo que no, no me dejes, oblígame y no pares hasta que lo haga”. Los resultados de este método suelen ser perder amigos, básicamente.

Grandes procrastinadores a lo largo de la historia:

– Felipe, el amigo de Mafalda. Es sabido que el 99% de los lectores de esta tira cómica se identificaban con el del flequillo. En mi caso el 100% del lector.

– Michael Merrywheather III (1958-1996): Descubrió por casualidad un medicamento contra el cáncer, pero en el último momento le llamaron para echarse unas cañas y al volver se le había olvidado una fórmula. Lo fue dejando, lo fue dejando, hasta que murió de cáncer.

– Jose Luis Rodriguez Zapatero: Presidente de España de 2004 a 2011. A finales de 2007 se empezó a hablar en todo el mundo de la crisis económica mundial que iba a acabar con todo el bienestar conocido en los países ricos. Perdió las elecciones cuatro años después por el “ya lo haré”, “hay tiempo”, “tampoco es para tanto”. Famosos son sus post-it en la nevera con las frases “sacar a España de la crisis pero con talante” “hablar con algún experto en economía a ver que me aconseja”.

Hay más pero ya seguiré otro día ya si eso.

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Crisis

¿Crisis?… ¿Qué crisis?

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El bosón de Higgs

Primero la tierra era plana, después esférica y el centro del universo, después no tan esférica ni tan centro. Un saludo para Aristóteles si me está leyendo. Más tarde hubo órbitas y galaxias, después todo era relativo, y ahora tenemos hasta antimateria y agujeros negros.

Un agujero negro no es sino un montón de materia amontonada muy a lo bestia. Como cuando en lugar de poner dos lavadoras pones una sola y casi no puedes cerrar la puerta, pero cambiando la ropa por miles de soles (dentro de la misma lavadora). Está explicado muy por encima pero tampoco os veo preparados para más, la verdad. ¿Es Falete entonces un agujero negro? La respuesta, lo siento, pero es “NO”. Tiene uno, pero él en sí mismo no lo es.

Total, que tan concentrada está la materia que su masa es brutal. Su masa o como se le conoce en los barrios del centro, “su peso”. La masa genera atracción, o gravedad. Es curioso que estas dos palabras sirvan para el mismo concepto. A más masa, más gravedad. La masa de la tierra hace que no flotemos y que midamos de media 1.70, por ejemplo. La masa de un agujero negro es tan grande que hasta la luz se queda pegada ahí. Es decir, aunque cueste creerlo, la luz pesa. Cágate lorito.

Esa precisamente es la razón por la que no podemos ver los agujeros negros. Se pueden intuir, pero no son visibles. Para verlos la luz debería rebotar en ellos, no quedarse a vivir para siempre cómo un cuñado gorrón. Más o menos lo mismo que pasa con el dinero negro. Sabes que está, y lo intuyes, pero no lo ves. Es lo que tiene el negro, que combina con todo.
¿Quién inventó los agujeros negros? Pues Stephen Hawking, ahí dónde lo ves. Mucha gente se ríe de él por su estado, pero el pulsa CTRL+ALT+H y el altavoz dice “sí sí, pero yo inventé los agujeros negros”. Un crack.

¿Y el bosón de higgs? Ni idea, lo he leído tres veces en la Wikipedia y sigo sin entender una palabra.

Nota: Para la realización de este artículo no se ha consultado material didáctico en ningún momento y carece de rigor científico. No usar como texto educativo, repito: NO USAR COMO TEXTO EDUCATIVO.

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Cama 30

No se puede puede pretender ser más listo que el diablo.

Recibió una vez más la llamada de aquel número de diez dígitos o más. Eran más de las diez de la noche y eso lo asustó más que las dos veces anteriores, así que decidió cogerlo mientras se persignaba mentalmente y los pulmones se le hinchaban adivinando el suspiro.

“Está en coma, y el pronóstico es grave”, dijo la voz del otro lado, metiendo entre líneas un reproche oculto, pero más perceptible para Eduardo que el mensaje principal.

Tardo cuatro días en entrar a la UCI a verla. No se atrevía. No quería enfrentarse al hecho de que de verdad la quería, a pesar de que sabía que él era lo único que tenía en la vida y de que nadie merece morir sólo.

Ahí estaba, en la cama 30.

Seguía en coma, pero él le cogió la mano, la beso en la frente y notó como el monitor de constantes aceleraba las pulsaciones. Pero nada. No movió ni un párpado, ni un milímetro. Tenía media cabeza rapada y el cuerpo lleno de moratones y una cicatriz de puntos infinitos desde la oreja izquierda hasta la frente, dibujando un gran interrogante. Se derrumbó mientras las enfermeras miraban de reojo intentando esquivar la escena.

Tardó más de cuatro días repitiendo la visita a la hora estipulada, en conseguir salir de allí sin llorar y muerto por dentro. Esperando después en aquella sala de espera llena de dolor cómo un médico distinto cada día le contaba las no novedades.

Consiguió salir del coma y eso fue más duro. Con el único ojo abierto intentaba seguir a Eduardo con la mirada y hablarle. “¿Qué he hecho? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí”, le decía. Pero Eduardo no se atrevía a decirle la verdad. Sólo que la quería mucho y que iba a ponerse bien.

Pasaron más días en la UCI, con avances y retrocesos, hasta que un día le dieron el alta y la pasaron a la planta. A una planta que ni siquiera era la suya. A la última habitación-almacén del pasillo y drogada de morfina para que tuviera una muerte tranquila.

Pero él no se separó ni un momento de ella, cada minuto libre que tenía lo pasaba a su lado. Le cogía la mano, le hablaba del tiempo y de las noticias, le ponía música, le leía libros.

Ahora anda, habla por los codos, lee sus propios libros e incluso fuma, como un carretero, cómo siempre ha fumado. Lleva pañales, no recuerda sus últimos años, no sabe llegar hasta su habitación en la residencia y se pierde por los pasillos.

A Eduardo le cuenta que no quiere estar ahí, que acabará loca y que sólo quiere estar con él. Cree que está en otro hospital, que es algo transitorio y que ya está bien para estar sola, sin atenciones. Y Eduardo no sabe si algún día será así, pero sabe que cuando él no mira, es la que anima al resto de los residentes, la que siempre está haciendo bromas, la que se gana la confianza de las auxiliares y enfermeras con su alegría.

A pesar de que sigue pretendiendo ser más lista que el diablo, y así será hasta que, un día de verdad, muera, y el cielo gane otra alma.

(A Isabel)

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#nocabeenuntweet

Ya ha visto la luz #nocabeenuntweet, el proyecto de @jdmalpartida.
Recopila artículos, historias, etc. de varios tuiteros.

Se puede descargar aquí y aquí está el blog para dejar comentarios, etc.

Un trocito de mi modesta aportación (si quieres leerlo entero, bájalo. Gandul)

“¿Cómo acabé en un colegio de monjas? Era muy pequeño y
no lo recuerdo bien. Supongo que pasaría por allí y entré a informarme y me gustó la directora y me quedé. La directora era
monja, claro, pero oye, qué tetas. Las monjas y las tetas son
totalmente compatibles, esto lo aprendí desde bien pequeñito.”

Jajejijoju.

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